viernes, 16 de enero de 2009

Julio Alejandro, el ritmo y las cuadernas

por José Luis Gracia Mosteo

Es fama que Clark Gable le preguntó una vez el nombre al guionista. “William Faulkner”, respondió aquél. Gable ladeó la sonrisa. “William, ¿qué?” “Faulkner, William Faulkner, guionista y escritor”, confirmó el autor de Santuario, ¡Absalom, Absalom! o El sonido y la furia. Gable calibró de arriba a abajo a aquel tipo que estaba recreando magistralmente el sur norteamericano, le estrechó la mano y se dio la vuelta seguro de haber conocido a un don nadie.

Es fama que los guionistas de películas, los escritores de libros, pocas veces traspasan las sombras de la sala del cine, los anaqueles de la biblioteca, y llegan a ser conocidos. Pues bien, éste es el caso de un poeta elogiado por Antonio Machado; el caso de un dramaturgo aplaudido por la crítica y el público; el caso del mejor guionista de Buñuel; el caso de Julio Alejandro.

Antiguamente los griegos pintaban al Destino como un dios ciego, hijo del Caos y la Noche... Pocas veces el capricho de sus designios se ve tan claro como en la vida de este niño que nació a cientos de kilómetros del mar pero sintió su llamada; padeció el caos y la noche de varias guerras; y coincidió en no pocas ocasiones con quien tal vez inclinó su vocación, Antonio Machado.

Julio Alejandro Castro Cardús nació en 1906 en el seno de una familia burguesa de médicos y boticarios de Huesca. Allí permanecerá hasta los nueve años. Allí (pero también en Veruela, el Moncayo, Aragón todo) fijará esa patria fugaz que es el tiempo de la infancia. Quién le iba a decir a aquel mocé que iba a viajar de África a Shangai como el personaje de una película mientras se bañaba en el Isuela.

Y es que Julio Alejandro sintió desde pronto la afición del mar y del cine, que contemplaba con devoción en aquella Huesca donde permaneció hasta que la familia decidió trasladarse a Madrid y pudo hacer realidad su sueño en la Escuela Naval de Cádiz para ser “Ombligo luminoso” por su costumbre de leer a la luz de la linterna. Es a bordo de un barco donde conocerá la guerra de África, viajará a Shangai para proteger a la colonia española o escribirá su poemario La Voz Apasionada. Es a bordo de un barco donde encontrará el desengaño.

Porque pronto esas dos Españas tan evidentes en el micromundo de una nave, le llevan a pedir la excedencia y regresa a Madrid donde asiste al inicio de la Guerra del 36, siendo herido y teniendo que marchar a Francia de donde sale apenas es invadida por Hitler. Lisboa es el puerto intermedio; Filipinas, el destino. Pero Manila es también tomada por Japón, y Julio es encarcelado y herido hasta que finalmente consigue embarcar hacia Estados Unidos y México.

Herido de nostalgia, regresa a España en 1946 y comienza a escribir teatro. Los éxitos se suceden y con ellos las envidias. Enseguida se corre el bulo de que Julio no es Julio sino el alter ego de Alejandro Casona. La situación comienza a hacerse irrespirable... Y es entonces cuando el cine (su segundo sueño) entra en su vida ofreciéndole escribir los diálogos de una película mexicana, así que decide marchar allí con un contrato de seis meses que se convierten en 34 años, 109 guiones, la renuncia a trabajar con Walt Disney y la amistad de Buñuel para quien escribe, entre otros títulos, Nazarín, Viridiana y Tristana.

Cuando regresa en el 84, es ya una leyenda: Aragón le abre sus puertas y publica Breviario de los Chilindrones, Singladura, el recopilatorio Fanal de Popa...; la gente del cine (Azcona, García Sánchez, Erice, Alex de la Iglesia...) lo tratan de maestro; se suceden los homenajes... Todo lo acepta con modestia, deseando ser un avestruz, dice, para esconder la cabeza. Hasta que lo logra definitivamente en 1995 mientras contempla el Mediterráneo en su casa de Javea.

Escribió Faulkner citando a Shakespeare que “la vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de sonido y furia.” Escribió Antonio Machado en el prólogo del libro de Julio Alejandro: “Dios a tu verso y a tu barco guarde / seguro el ritmo, firmes las cuadernas, / y que del mar y del olvido triunfen / poeta y capitán, nave y poema.” Todo eso, naufragios y olvido, sonido y furia, es la vida de Julio Alejandro.

Pero triunfaron el ritmo y las cuadernas.

*Aparecido en Artes y Letras. Heraldo de Aragón.

2 comentarios:

El hombre invisible dijo...

Estupenda reseña sobre el gran Julio Alejandro. Precisamente se inauguró hace poco un monumento con su "soberana" cabeza en la plaza de la Constitución en Huesca (hasta hace poco Ronda Misericordia), así que lo veo todos los días al entrar a trabajar.

Saludos para José Ángel M., Gracia Mosteo y todos los Amigos del Libro.

Valentin P Perea dijo...

Ayer he comprado parte de la biblioteca personal de Julio Alejandro, ojalá pueda servirles alguno de los documentos, como diplomas o guiones. Saludos.